miércoles, 15 de junio de 2011

Término


Corroído por los azotes del pasado discurre partido en pedazos por el escabroso desfiladero. Deja caer su grito zozobrante de ecos.  Pensamientos licuados entre sombras que lo llaman a  reconocerse a sí mismo en el dolor de su cuerpo sangrante y en el latir de su cráneo ofrecido al universo. Se desgrana inspirado contra las rocas inmutables que quedarán como testigo único. Impregnadas para siempre de sus recuerdos amados.

En la infinita soledad de su partida deja entrever una rara valentía que jamás supo tener en vida. Es el último aliento que lo acompaña hasta el río para un furioso bautismo. Mientras la vida redime su sacrilegio en un junco de la orilla que se dobla por el viento. Cuando un pájaro remonta vuelo y un abejorro visita otra flor.

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