me subleva
la soberbia de la voz autoritaria
que se afirma en los pasillos
que vomita órdenes en cada esquina
que se acomoda una corbata lustrada
refugiada en una investidura planchada
con sus dientes brillantes de burocracia
con esa cara que nunca sabe nada
que se escapa
inválida
opaca
en el silencio agresivo
que se ahoga
con aire de
superior
y la mirada escondida
inquisidora
esclava
me sublevan
los que nunca fueron nada
y ahora sienten que son cuando callan a los
otros
me subleva
ese hombrecito
tan alto
tan
práctico
que vuela en memorándum
somete prolijo
escondido en su despacho
ejerce sus límites
impone sus penas
expele amenazas
traga
transpira
el olor de su tiempo
hostilidad nauseabunda
me subleva
me subleva
me subleva